Y aquí hay tema para rato, pues para mí no dejaba de ser como una vuelta al bus del cole pero con compañeros de la tercera edad. Pero sin duda el recuerdo que más fresco tengo en mi memoria es el de aquella ancianita menuda, que marchó diligentemente desde la sala de espera a ocupar su asiento en la ambulancia al oir su nombre. Pero una vez estábamos todos sentados y esperando que el conductor tomase nota de nuestros destinos, la señora no podía responder a la pregunta ¿adónde va usted?, pues no se acordaba del nombre de su calle. Mil vueltas le estuvo dando mientras buscaba desesperadamente en sus bolsillos y su bolso algún papel donde lo hubiera anotado alguno de sus hijos, pues al parecer le había pasado antes. Había llevado lo de no acordarse del nombre del nieto a otro nivel. Sí que tenía la imagen menta de su casa, ella vivía en un segundo en la esquina y al bajar tenía el nombre de la calle enfrente.Finalmente el conductor logro contactar con la central y tenían sus datos por lo que el apuro de la señora paso a las risa, que nos contagió a todos.