Bueno pues en estas que los primeros paseos que daba con mis padres después de que me dieran el alta, eran por el parque con la silla de ruedas.
A estos nos acompañaba siempre mi perro, cuya correa amarrábamos a la propia silla, de la cual acababa tirando y me llevaba cual auriga romano, dejando una estampa bastante cómica la verdad. Pero no era eso lo que venía a contar hoy; al llegar al parque al perro, llamado "Perrete", lo soltábamos para que el bicho fuera a su aire. Le íbamos tirando las naranjas del suelo para que corriera tras ellas ya que no llevábamos la pelota.
En una de estas, mi madre soltó la silla para agacharse a por una naranja, sin darse cuenta de que estaba en pendiente y la silla siguió sola, conmigo encima en su ruta a estamparse contra la papelera mas cercana, como dicta la ley de Murphy. Este efecto fue desde entonces bautizado en la familia como el "efecto papelera", el cual dicta que toda aquella silla de ruedas dejada sin atención se precipitara inevitablemente contra el obstáculo mas cercano, se este un bordillo, una farola, o en este caso, una papelera.
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sábado, 16 de junio de 2018
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